Hace muchos años hice por un tiempo este blog. Tiene cosas que hoy no subiría pero le estoy dando otra oportunidad. Las imágenes están en Instagram. Los textos nuevos que tengo ganas de subir, están acá.
lunes, 25 de julio de 2016
jueves, 9 de junio de 2016
Muertos
Afuera llueve. Adentro, ellos dos duermen. Hay música que sale de un celular. Hay dos colchones. Hay algunas bolsas. Uno está tapado hasta la frente con una frazada. Como para aislarse de la luz, del ruido, y de nosotros, los del otro lado de la ametralladora que dispara dinero del cajero automático. Ametralladora, sí. Porque los que entramos y salimos incólumes estamos todos muertos.
miércoles, 1 de junio de 2016
lunes, 30 de mayo de 2016
Hoteles
El sábado a la noche, por esas cosas de la vida, me encontré caminando por un barrio lleno de hoteles. Cuando digo hoteles, me refiero a esos de dos estrellas, que a menudo tienen una tele en el lobby, ventanas con persianas que dan a la vereda, plantas de plástico y un conserje cansado que mira el partido esperando que la rutina diaria se vaya cumpliendo hasta el fin de su turno. Son lugares que se prestan para la visita esporádica a un familiar, una reunión de trabajo con bajo presupuesto en otra ciudad, pero también son el espacio permitido para el romance que no tiene casa ni comida. Su inevitable oscuridad es escondite para los amores inconvenientes y el póster del paisaje de un atardecer en la montaña es escenografía para interminables conversaciones que prologan o resumen encuentros amorosos de esos del tercer tipo, los que solo se consiguen a la sombra de la ley.
Conocí decenas de esos hoteles. Era muy joven por entonces. En esas veladas que duraban días sin salir a comer y sobre llanto, dolor y mucho amor decidí construir casi la mitad de mi vida. Entre paredes de machimbre, frazadas de matelassé y pisos fríos, terminé por adorar el desayuno con medialunas secas y jugo Tang.
El sábado pasado lloviznaba. Caminé sin paraguas y con frío, no recuerdo cuántas cuadras. Mojarse la cara despierta los sentidos, clarifica la mente -aunque eso no sea necesariamente feliz-, e interpela al corazón. Qué hago, por qué, qué me pasa, cómo sigo, y así. El estado de lucidez y sensibilidad ideal para poder ver entre las entradas de los edificios que pasaba a un paso acelerado, esos hoteles que me llevaron al registro en todo el cuerpo de las cosas que hacemos sin darnos cuenta solo para sentirnos vivos.
Conocí decenas de esos hoteles. Era muy joven por entonces. En esas veladas que duraban días sin salir a comer y sobre llanto, dolor y mucho amor decidí construir casi la mitad de mi vida. Entre paredes de machimbre, frazadas de matelassé y pisos fríos, terminé por adorar el desayuno con medialunas secas y jugo Tang.
El sábado pasado lloviznaba. Caminé sin paraguas y con frío, no recuerdo cuántas cuadras. Mojarse la cara despierta los sentidos, clarifica la mente -aunque eso no sea necesariamente feliz-, e interpela al corazón. Qué hago, por qué, qué me pasa, cómo sigo, y así. El estado de lucidez y sensibilidad ideal para poder ver entre las entradas de los edificios que pasaba a un paso acelerado, esos hoteles que me llevaron al registro en todo el cuerpo de las cosas que hacemos sin darnos cuenta solo para sentirnos vivos.
martes, 24 de mayo de 2016
miércoles, 11 de mayo de 2016
Preceptora prusiana
Preceptora prusiana
A veces, como anoche, sale conmigo de copas. Su pollera gris de franela gruesa enumera con astucia cada una de las libertades que no debo. Nada parece haber debajo de su bombacha cuando se para con la espada de semántica perfecta y defiende los “No, por si acaso mañana”. Ella eligió como vida ser la preceptora prusiana que me cuida de la nada.
Ayer la ahogué en Campari, le grité enfurecida que hoy no existe mañana, que cuando el deseo urge, la edad no importa nada. #CuentosCortos
A veces, como anoche, sale conmigo de copas. Su pollera gris de franela gruesa enumera con astucia cada una de las libertades que no debo. Nada parece haber debajo de su bombacha cuando se para con la espada de semántica perfecta y defiende los “No, por si acaso mañana”. Ella eligió como vida ser la preceptora prusiana que me cuida de la nada.
Ayer la ahogué en Campari, le grité enfurecida que hoy no existe mañana, que cuando el deseo urge, la edad no importa nada. #CuentosCortos
domingo, 24 de abril de 2016
viernes, 8 de abril de 2016
Aviso de regreso
Hay un instante, ni un minuto antes ni uno después, en que te das cuenta de que es hora de irte. Que la velada inaugural, inocente, etilada y muy conversada llegó hasta donde daba para esa noche. Que es hora de juntar las ganas y volver a casa. El saludo, como casual, es un abrazo de esos que aprietan célula con célula las pieles, vestidas, enfrentadas. Y los abrazos hablan, siempre. Aquél anunciaba a puro grito silencioso que esas células iban a volverse a ver. #CuentosCortos
viernes, 25 de marzo de 2016
Dos segundos en cámara lenta
Lo divisé en la multitud. Dejé que la marea humana me llevara hacia él. Me acerqué, lo toqué para que me viera. Sentí en la palma de mi mano los pelos de su antebrazo mientras me salí diez centímetros del río de gente. Hola. Hola. ¿Cómo estás? Bien, ¿vos? Nos miramos y nos saludamos con un beso mientras el caudal humano me empujaba hacia adelante. Sonreímos. Fueron 2 segundos en cámara lenta. Me alejé a la espera de que sus ojos estuvieran mirando mi irme. FIN #CuentosCortos
jueves, 24 de marzo de 2016
Mediana edad
La crisis de la mediana edad deviene alrededor de los 40, cuando sabemos que la juventud ya pasó, que no queda otra que aceptar la madurez y que la vida más temprano que tarde, termina. Suele suceder que a partir de entonces se toman decisiones para vivir mejor, para ponerle el cuerpo a la noción de finitud de la vida pero también, para disfrutar y concretar por fin lo que se estuvo hasta ese momento postergando.
Cantar las 40 en el tute supone tener el caballo y el rey del palo que nos hace ganadores. Es también decir todo para seguir adelante habiendo saldado todas las cuentas con el silencio.
Días después de festejar mis 40 años con promesas de amor para toda la vida, me separé, mi mundo se volvió un lugar incierto pero tomé decisiones fundamentales para seguir y encontrarme conmigo misma y mi propia y nueva capacidad de estar bien. Sin tener conciencia plena de ello, nació una etapa que no tenía vuelta atrás.
Un jefe que tuve una vez me dijo cuando los cumplió, que los 40 invitan a muchos y muchas a tomar una tangente en el círculo imaginario de la vida. Algunos quedan dando vueltas, otros la toman y no vuelven más. Nunca más. Al infierno, nunca más.
Cantar las 40 en el tute supone tener el caballo y el rey del palo que nos hace ganadores. Es también decir todo para seguir adelante habiendo saldado todas las cuentas con el silencio.
Días después de festejar mis 40 años con promesas de amor para toda la vida, me separé, mi mundo se volvió un lugar incierto pero tomé decisiones fundamentales para seguir y encontrarme conmigo misma y mi propia y nueva capacidad de estar bien. Sin tener conciencia plena de ello, nació una etapa que no tenía vuelta atrás.
Un jefe que tuve una vez me dijo cuando los cumplió, que los 40 invitan a muchos y muchas a tomar una tangente en el círculo imaginario de la vida. Algunos quedan dando vueltas, otros la toman y no vuelven más. Nunca más. Al infierno, nunca más.
miércoles, 23 de marzo de 2016
Consejos de autoayuda que se me antoja dar.
Hagan siempre lo que les dicten sus tripas; cuiden de su tribu; amen lo que tienen; abracen con frecuencia; contemplen la perseverancia del cuarto creciente; ofrezcan besos de las buenas noches como pacto de paz; dénse revanchas siempre; vuelen cada vez que puedan; perdonen(se) más seguido; volanteen sin miedo; corran, bailen o salten pero sepárense del piso; escuchen música; entréguense en cuerpo y alma sin tanto cálculo porque el dolor si viene, también se va; tolérense la soledad; compartan copas con quien valga el intento; y no paren hasta encontrar lo que los haga vibrar. A poco de cumplir como mil años, sigo aprendiendo pero algunas cosas ya las puedo enseñar.
lunes, 21 de marzo de 2016
Labios Libres - Mario Trejo
Al cabo de las tierras y los días
de horarios y partidas y llegadas
y aeropuertos comidos por la niebla
enfermo de países y kilómetros
y rápidos hoteles compartidos
Luego de esperas
prisas
y rostros y paisajes diferentes
y seres encandilados por el olvido
o abiertamente besados por la vida
Después de aquella amada
y esa otra apenas entrevista
mujeres cogidas por mi soledad
y ahogadas por las bellas catástrofes
Luego de la violencia y el deseo
de comenzarlo todo nuevamente
y los errores
y los malentendidos cotidianos
y los hábitos torrenciales del trópico
y noches acariciadas por el alcohol
y tabaco fumado con tanta incertidumbre
Al cabo de un nombre que no me atrevo a decir
y de alguien que yo llamaba Irene
de cierta voz
cierta manera de clavar los ojos
al cabo de mi fe en el entendimiento de los hombres
y en el corazón de ciudades y pueblos
que nunca sabrán de mí
Luego de tanta tentativa de huirme o enfrentarme
y comprender que estoy solo
pero no estoy solo
al cabo de amores corroídos
y límites violados
y de la certidumbre de que toda la vida
no es más que los escombros
de otra que debió haber sido
Al cabo del hachazo irreparable del tiempo
sólo puedo blandir estas palabras
esta obstinación de años y distancias
que se llama poesía
de horarios y partidas y llegadas
y aeropuertos comidos por la niebla
enfermo de países y kilómetros
y rápidos hoteles compartidos
Luego de esperas
prisas
y rostros y paisajes diferentes
y seres encandilados por el olvido
o abiertamente besados por la vida
Después de aquella amada
y esa otra apenas entrevista
mujeres cogidas por mi soledad
y ahogadas por las bellas catástrofes
Luego de la violencia y el deseo
de comenzarlo todo nuevamente
y los errores
y los malentendidos cotidianos
y los hábitos torrenciales del trópico
y noches acariciadas por el alcohol
y tabaco fumado con tanta incertidumbre
Al cabo de un nombre que no me atrevo a decir
y de alguien que yo llamaba Irene
de cierta voz
cierta manera de clavar los ojos
al cabo de mi fe en el entendimiento de los hombres
y en el corazón de ciudades y pueblos
que nunca sabrán de mí
Luego de tanta tentativa de huirme o enfrentarme
y comprender que estoy solo
pero no estoy solo
al cabo de amores corroídos
y límites violados
y de la certidumbre de que toda la vida
no es más que los escombros
de otra que debió haber sido
Al cabo del hachazo irreparable del tiempo
sólo puedo blandir estas palabras
esta obstinación de años y distancias
que se llama poesía
sábado, 5 de marzo de 2016
Y más cartas de Simón Bolívar a Manuela Sáenz.
Ibarra, 6 de octubre 1826
Mi encantadora Manuela:
Tu carta del 12 de setiembre me ha encantado: todo es amor en ti. Yo también me ocupo de esta ardiente fiebre que nos devora como a dos niños. Yo, viejo, sufro el mal que ya debía haber olvidado. Tú sola me tienes en este estado. Tú me pides que te diga que NO QUIERO A NADIE. ¡Oh no! A NADIE AMO: A NADIE AMARÉ. El altar que tú habitas no será profanado por otro ídolo ni otra imagen, aunque fuera la de Dios mismo. Tú me has hecho idólatra de la humanidad hermosa o de Manuela. Créeme: te amo y te amaré sola y no más. No te mates. Vive para mí, y para ti: vive para que consueles a los infelices y a tu amante que suspira por VERTE.
Estoy tan cansado del viaje y de todas las quejas de tu tierra que no tengo tiempo de escribirte con letras chiquititas y CARTAS GRANDOTAS como tú quieres. Pero en recompensa si no rezo, estoy todo el día y la noche entera haciendo meditaciones eternas sobre tus gracias y sobre lo que te amo, sobre mi vuelta y lo que harás y lo que haré cuando nos veamos otra VEZ. No puedo más con la mano. NO SÉ ESCRIBIR.
Mi encantadora Manuela:
Tu carta del 12 de setiembre me ha encantado: todo es amor en ti. Yo también me ocupo de esta ardiente fiebre que nos devora como a dos niños. Yo, viejo, sufro el mal que ya debía haber olvidado. Tú sola me tienes en este estado. Tú me pides que te diga que NO QUIERO A NADIE. ¡Oh no! A NADIE AMO: A NADIE AMARÉ. El altar que tú habitas no será profanado por otro ídolo ni otra imagen, aunque fuera la de Dios mismo. Tú me has hecho idólatra de la humanidad hermosa o de Manuela. Créeme: te amo y te amaré sola y no más. No te mates. Vive para mí, y para ti: vive para que consueles a los infelices y a tu amante que suspira por VERTE.
Estoy tan cansado del viaje y de todas las quejas de tu tierra que no tengo tiempo de escribirte con letras chiquititas y CARTAS GRANDOTAS como tú quieres. Pero en recompensa si no rezo, estoy todo el día y la noche entera haciendo meditaciones eternas sobre tus gracias y sobre lo que te amo, sobre mi vuelta y lo que harás y lo que haré cuando nos veamos otra VEZ. No puedo más con la mano. NO SÉ ESCRIBIR.
Otra carta de Bolívar a Manuela Sáenz.
Ortuzco, mediados de abril de 1824.
Mi amor:
Estoy muy triste a pesar de hallarme entre lo que más me agrada, entre los soldados y la guerra, porque sólo tu memoria ocupa mi alma, pues sólo tú eres digna de ocupar mi atención particular.
Me dices que no te gustan mis cartas porque escribo con unas letrazas tan grandotas ahora verás que chiquitico te escribo para complacerte.
No ves cuántas locuras me haces cometer por darte gusto…
BOLÍVAR
Mi amor:
Estoy muy triste a pesar de hallarme entre lo que más me agrada, entre los soldados y la guerra, porque sólo tu memoria ocupa mi alma, pues sólo tú eres digna de ocupar mi atención particular.
Me dices que no te gustan mis cartas porque escribo con unas letrazas tan grandotas ahora verás que chiquitico te escribo para complacerte.
No ves cuántas locuras me haces cometer por darte gusto…
BOLÍVAR
Una de las preciosas cartas de amor de Simón Bolívar a Manuela Sáenz, siglo XIX
Manuela:
Llegaste de improviso, como siempre. Sonriente. Notoria. Dulce. Eras tú. Te miré. Y la noche fue tuya. Toda. Mis palabras. Mis sonrisas. El viento que respiré y te enviaba en suspiros. El tiempo fue cómplice por el tiempo que alargué el discurso frente al Congreso para verte frente a mí, sin moverte, quieta, mía…
Utilicé las palabras más suaves y contundentes; sugerí espacios terrenales con problemas qué resolver mientras mi imaginación te recorría; los generales que aplaudieron de pie no se imaginaron que describía la noche del martes que nuestros caballos galoparon al unísono; que la descripción de oportunidades para superar el problema de la guerra, era la descripción de tus besos. Que los recursos que llegarían para la compra de arados y cañones, era la miel de tus ojos que escondías para guardar mi figura cansada, como me repetías para esconder las lágrimas del placer que te inundaba.
Y después, escuché tu voz. Era la misma. Te di la mano, y tu piel me recorrió entero. Igual… que los minutos eternos que detuvieron las mareas, el viento del norte, la rosa de los vientos, el tintineo de las estrellas colgadas en jardines secretos y el arco iris que se vio hasta la media noche. Fuiste todo eso, enfundada en tu uniforme de charreteras doradas, el mismo con el que agredes la torpeza de quienes desconocen cómo se construye la vida.
Mañana habrá otra sesión del Congreso. ¿Estarás?
Llegaste de improviso, como siempre. Sonriente. Notoria. Dulce. Eras tú. Te miré. Y la noche fue tuya. Toda. Mis palabras. Mis sonrisas. El viento que respiré y te enviaba en suspiros. El tiempo fue cómplice por el tiempo que alargué el discurso frente al Congreso para verte frente a mí, sin moverte, quieta, mía…
Utilicé las palabras más suaves y contundentes; sugerí espacios terrenales con problemas qué resolver mientras mi imaginación te recorría; los generales que aplaudieron de pie no se imaginaron que describía la noche del martes que nuestros caballos galoparon al unísono; que la descripción de oportunidades para superar el problema de la guerra, era la descripción de tus besos. Que los recursos que llegarían para la compra de arados y cañones, era la miel de tus ojos que escondías para guardar mi figura cansada, como me repetías para esconder las lágrimas del placer que te inundaba.
Y después, escuché tu voz. Era la misma. Te di la mano, y tu piel me recorrió entero. Igual… que los minutos eternos que detuvieron las mareas, el viento del norte, la rosa de los vientos, el tintineo de las estrellas colgadas en jardines secretos y el arco iris que se vio hasta la media noche. Fuiste todo eso, enfundada en tu uniforme de charreteras doradas, el mismo con el que agredes la torpeza de quienes desconocen cómo se construye la vida.
Mañana habrá otra sesión del Congreso. ¿Estarás?
viernes, 12 de febrero de 2016
sábado, 30 de enero de 2016
martes, 12 de enero de 2016
Cortejo 3.0
Mentiría si dijera que me he convertido en una especialista en mating online, pero voy acumulando una interesante experiencia. Especialmente interesante para alguien como yo que gusta de analizar y tratar de comprender las vueltas del cortejo y qué hace que algunos despierten en otros lo que los de más allá no logran inspirar.
La primera consigna para mantenerte por los sitios es superar, o mejor, conocer y vigilar tus prejuicios para que no te conviertan en un ser deleznable.
Precisamente en los sitios de mating por internet el gen del prejuicio labura como ninguno. Con un par de fotos y algunas líneas en el mejor de los casos, el otro en cuestión recibe o no tu “corazón”. No hay tiempo para la seducción, la química, el remo, nada. La foto, un par de líneas y entrás o no entrás en su lista de deseos.
Reconozco que a mi cabeza militante de causas antidiscriminación le ha costado bastante aceptar este experimento que me propuse hacer en estas redes. De todos modos, sigo adelante, pongo una cosa y otra en el tubo de ensayo, observo y anoto. Es un verdadero experimento pero por cierto, bastante divertido.
Primero abrí una cuenta en un sitio diría, tradicional, porque pensé que lo importante pasaba por lo que uno escribía y las respuestas a las preguntas diseñadas por sus administradores. Muchos de los nuevos sitios solo te permiten presentarte con fotos.
Como pasa en la vida, me costó encontrar en la franja de edades que elegí a un hombre que me resultara merecedor de un corazón. Con los años y una buena relación con la propia libertad, cierto es que algunas/os de nosotras/os nos hemos vuelto bastante selectivas/os, especialmente para atravesar el esfuerzo que supone empezar a conocer a alguien.
Al poco tiempo comenzaron a caer mensajes de hombres que sin haber recibido mi corazón, tomaban la iniciativa. El primer asunto a discernir es si se trata o no del que anda con la medio mundo en estos sitios y copia y pega mensajes a troche y moche. En caso de que te escriban a vos, a menudo son completamente incontestables. Por ejemplo, pocos días después de abrir la cuenta, me escribió un niño de 23 años que me dijo que buscaba quién le cocinara. Claramente conmigo iría frito, si me permiten el chascarrillo. Aun si su mensaje fuera verdad, de tan de manual, su búsqueda de mamá me pareció patética. Y si fuera mentira, también.
En mi temprana adolescencia, época en que gustaba de leer novelas de amor, me interné en una de Richard Bach (¡!) que se llamaba “Un puente hacia el infinito”. Siempre recuerdo una escena en la que el protagonista, deslumbrado por una mujer que había entrado en el ascensor en el que él estaba, elucubraba sobre cómo decirle algo sin quedarse pagando. Pensaba que hubiera deseado que existiera un modo culturalmente aceptable donde uno pudiera decirle a un desconocido “me encantas y quisiera saber quién eres”, con un código “no, gracias”, si el encanto no fuera mutuo. Palabras más, palabras menos, sepan comprender que es un texto que leí hace más de 30 años.
Esa escena se me viene a la cabeza cada vez que cruzo a algún bombón por la calle. Pero también en este experimento, el pensamiento del libro me hizo considerar responder educadamente a todos los mensajes que me dicen cosas lindas. Lo intenté pero comprobé que difícilmente la comunicación se cortaba ahí y tampoco es que por haber abierto esta cuenta me haya convertido en una de esas personas a las que les gusta charlar con todo el mundo.
Como el sitio es internacional, recibí mensajes de Francia, Estados Unidos y Alemania, además de la Argentina. El que más me conmovió fue el gringo que me abordó contándome que hacía unos años se había separado porque encontró a su mujer en la cama con su mejor amigo. Que la pasó muy mal pero que ahora estaba recuperado y deseante de una nueva pareja. No sé si será mentira pero supongo que de serlo, en algún lugar se habrá comprobado que la compasión o solidaridad que despierta un caso así, eventualmente puede acercarle mujeres. No entiendo cómo funciona eso en la cabeza de una mujer, tal vez la esperanza de que un hombre así nunca la pondría a ella en el lugar que él padeció. O quién sabe.
Creo que lo más interesante de estos sitios está precisamente en las estrategias que elegimos los humanos a la hora de seducir. Para atraer a un otro para tener sexo eventual o para conquistar su corazón más profundamente.
Después de unos días, mi timidez comenzó a temer encontrar a los de las fotos en la vida real, por obra del azar nomás. Fue entonces cuando cualquier ida al Chino se convirtió en un posible escenario para cruzarme con uno de los que megusteé online y ahí sí, ¡qué quemo!
La cosa se agrava cuando la red es una de estas Apps que funcionan con geolocalización. Entre los primeros candidatos que se encontraban “cerca” y que esta App me sugirió cuando abrí mi cuenta estando en mi casa fue al fiambrero de la esquina que, en su descripción, prefirió poner “empresario en quesos”.
A propósito de los sitios que ubican a la gente con la que te cruzás y te muestran su perfil en tu teléfono, no sé si son los barrios por los que yo transito pero es asombrosa la cantidad de hombres de este rango de edad que suben fotos en un barco, una súper moto o un auto. Algo de su potencia se debe jugar ahí. La bióloga que hay en mí no deja de mirar con curiosidad los motivos por los que el hombre también elige para estas redes fotos en las que en general está haciendo cosas arriesgadas, deportes extremos o turismo aventura.
Después está el que abre un perfil con una foto de Macri (¿o sería Macri?), de un actor de Hollywood o de Bart Simpson. No soy yo quien vaya a decirle al pirata que cuide sus formas pero se me ocurre que hay otras maneras de conseguir adrenalina que meterse en un sitio de citas por internet donde podrías cruzarte con gente conocida.
Algo interesante en mi corta experiencia en estas redes es que los que más me escriben son hombres de treintaypico. Tal vez eso sea resultado de que los de cuarentaypico que yo puse en mis preferencias reciben muchos corazones de señoritas de 20, quién sabe. Es muy pronto para sacar conclusiones.
El amor es algo importante para la mayoría de los mortales. Sin embargo, algo nos avergüenza de que se sepa que estamos en esas redes. Tenemos muchos prejuicios con ellas, más que los que tenemos con hombres y mujeres que van a un bar, a bailar, a un cumpleaños o a un campamento con la secreta esperanza de conocer a alguien que les ofrezca un momento de felicidad.
Definitivamente este tema está lleno de aristas que darían para un tratado sobre el cortejo, la seducción y la manera en que queremos darnos a conocer por un otro especial. Pero tranquilos, no seré yo quien escriba ese tratado. Y menos ahora que acabo de recibir un nuevo Crush.
La primera consigna para mantenerte por los sitios es superar, o mejor, conocer y vigilar tus prejuicios para que no te conviertan en un ser deleznable.
Precisamente en los sitios de mating por internet el gen del prejuicio labura como ninguno. Con un par de fotos y algunas líneas en el mejor de los casos, el otro en cuestión recibe o no tu “corazón”. No hay tiempo para la seducción, la química, el remo, nada. La foto, un par de líneas y entrás o no entrás en su lista de deseos.
Reconozco que a mi cabeza militante de causas antidiscriminación le ha costado bastante aceptar este experimento que me propuse hacer en estas redes. De todos modos, sigo adelante, pongo una cosa y otra en el tubo de ensayo, observo y anoto. Es un verdadero experimento pero por cierto, bastante divertido.
Primero abrí una cuenta en un sitio diría, tradicional, porque pensé que lo importante pasaba por lo que uno escribía y las respuestas a las preguntas diseñadas por sus administradores. Muchos de los nuevos sitios solo te permiten presentarte con fotos.
Como pasa en la vida, me costó encontrar en la franja de edades que elegí a un hombre que me resultara merecedor de un corazón. Con los años y una buena relación con la propia libertad, cierto es que algunas/os de nosotras/os nos hemos vuelto bastante selectivas/os, especialmente para atravesar el esfuerzo que supone empezar a conocer a alguien.
Al poco tiempo comenzaron a caer mensajes de hombres que sin haber recibido mi corazón, tomaban la iniciativa. El primer asunto a discernir es si se trata o no del que anda con la medio mundo en estos sitios y copia y pega mensajes a troche y moche. En caso de que te escriban a vos, a menudo son completamente incontestables. Por ejemplo, pocos días después de abrir la cuenta, me escribió un niño de 23 años que me dijo que buscaba quién le cocinara. Claramente conmigo iría frito, si me permiten el chascarrillo. Aun si su mensaje fuera verdad, de tan de manual, su búsqueda de mamá me pareció patética. Y si fuera mentira, también.
En mi temprana adolescencia, época en que gustaba de leer novelas de amor, me interné en una de Richard Bach (¡!) que se llamaba “Un puente hacia el infinito”. Siempre recuerdo una escena en la que el protagonista, deslumbrado por una mujer que había entrado en el ascensor en el que él estaba, elucubraba sobre cómo decirle algo sin quedarse pagando. Pensaba que hubiera deseado que existiera un modo culturalmente aceptable donde uno pudiera decirle a un desconocido “me encantas y quisiera saber quién eres”, con un código “no, gracias”, si el encanto no fuera mutuo. Palabras más, palabras menos, sepan comprender que es un texto que leí hace más de 30 años.
Esa escena se me viene a la cabeza cada vez que cruzo a algún bombón por la calle. Pero también en este experimento, el pensamiento del libro me hizo considerar responder educadamente a todos los mensajes que me dicen cosas lindas. Lo intenté pero comprobé que difícilmente la comunicación se cortaba ahí y tampoco es que por haber abierto esta cuenta me haya convertido en una de esas personas a las que les gusta charlar con todo el mundo.
Como el sitio es internacional, recibí mensajes de Francia, Estados Unidos y Alemania, además de la Argentina. El que más me conmovió fue el gringo que me abordó contándome que hacía unos años se había separado porque encontró a su mujer en la cama con su mejor amigo. Que la pasó muy mal pero que ahora estaba recuperado y deseante de una nueva pareja. No sé si será mentira pero supongo que de serlo, en algún lugar se habrá comprobado que la compasión o solidaridad que despierta un caso así, eventualmente puede acercarle mujeres. No entiendo cómo funciona eso en la cabeza de una mujer, tal vez la esperanza de que un hombre así nunca la pondría a ella en el lugar que él padeció. O quién sabe.
Creo que lo más interesante de estos sitios está precisamente en las estrategias que elegimos los humanos a la hora de seducir. Para atraer a un otro para tener sexo eventual o para conquistar su corazón más profundamente.
Después de unos días, mi timidez comenzó a temer encontrar a los de las fotos en la vida real, por obra del azar nomás. Fue entonces cuando cualquier ida al Chino se convirtió en un posible escenario para cruzarme con uno de los que megusteé online y ahí sí, ¡qué quemo!
La cosa se agrava cuando la red es una de estas Apps que funcionan con geolocalización. Entre los primeros candidatos que se encontraban “cerca” y que esta App me sugirió cuando abrí mi cuenta estando en mi casa fue al fiambrero de la esquina que, en su descripción, prefirió poner “empresario en quesos”.
A propósito de los sitios que ubican a la gente con la que te cruzás y te muestran su perfil en tu teléfono, no sé si son los barrios por los que yo transito pero es asombrosa la cantidad de hombres de este rango de edad que suben fotos en un barco, una súper moto o un auto. Algo de su potencia se debe jugar ahí. La bióloga que hay en mí no deja de mirar con curiosidad los motivos por los que el hombre también elige para estas redes fotos en las que en general está haciendo cosas arriesgadas, deportes extremos o turismo aventura.
Después está el que abre un perfil con una foto de Macri (¿o sería Macri?), de un actor de Hollywood o de Bart Simpson. No soy yo quien vaya a decirle al pirata que cuide sus formas pero se me ocurre que hay otras maneras de conseguir adrenalina que meterse en un sitio de citas por internet donde podrías cruzarte con gente conocida.
Algo interesante en mi corta experiencia en estas redes es que los que más me escriben son hombres de treintaypico. Tal vez eso sea resultado de que los de cuarentaypico que yo puse en mis preferencias reciben muchos corazones de señoritas de 20, quién sabe. Es muy pronto para sacar conclusiones.
El amor es algo importante para la mayoría de los mortales. Sin embargo, algo nos avergüenza de que se sepa que estamos en esas redes. Tenemos muchos prejuicios con ellas, más que los que tenemos con hombres y mujeres que van a un bar, a bailar, a un cumpleaños o a un campamento con la secreta esperanza de conocer a alguien que les ofrezca un momento de felicidad.
Definitivamente este tema está lleno de aristas que darían para un tratado sobre el cortejo, la seducción y la manera en que queremos darnos a conocer por un otro especial. Pero tranquilos, no seré yo quien escriba ese tratado. Y menos ahora que acabo de recibir un nuevo Crush.
sábado, 2 de enero de 2016
¿Venís seguido a chatear por acá?
Una serie de casualidades me hicieron interesar en las redes de mating o búsqueda de pareja. No es algo que yo hubiera explorado jamás porque confieso que antes de intentarlo, tenía (¿debería decir tengo?) todos los prejuicios imaginables alrededor de sus usuarios y del mismísimo hecho de llegar allí en busca de un encuentro romántico. Más bien, siempre he sido fan de las personas que se cruzan en los lugares habituales o no tanto, por astucia propia del destino más que por premeditación. Y debo decir que no me ha ido tan mal.
Pero es verdad que a medida que pasan los años, los encuentros se han vuelto asunto de estudio y análisis en largas y, a menudo, etílicas conversaciones con amigos de todos los sexos. Mis prejuicios solo me han permitido imaginar del otro lado de las plataformas de citas a un tipo de hombre soltero, con chaleco Burma, que vive con la mamá y un cócker. A la vez, siempre me pesó el estigma de las mujeres que llegan a esos lugares como única y desesperada estrategia para conocer un alguien con quien compartir una parte de su vida.
Lo cierto es que desde siempre, el combate contra la soledad entre hombres y mujeres mueve tantas montañas como la fe. Y estas redes han sido pobladas por personas menos arquetípicas que las que yo tengo dibujadas en mi mente. Tan es así que desde hace un tiempo me ha resultado un fenómeno interesante enterarme de que hermosas y súper inteligentes mujeres que me rodean usan estas redes para conocer personas del sexo que les atrae. Más aún, un amigo muy apetecible, nada comparable con el señor del cócker que navega en mi imaginación, me comentó hace pocos días que conoció a su actual mujer a través de uno de estos sitios, aumentando así la evidencia empírica de que estos son lugares también visitados por personas que podrían resultarme atractivas o interesantes.
A pesar del rechazo que me causaba a priori un sistema montado sobre la idea de que el encuentro con una persona para una aventura romántica suceda a través de una enorme góndola de supermercado donde el packaging sea la razón de la elección, me avoqué a la experimentación in situ. Elegí una red, armé mi perfil y me lancé a lo desconocido.
Para animarme a seguir adelante, me recordé a mí misma, todo el tiempo, que se trata de un experimento y que solo necesito mezclar las sustancias y observar qué pasa. Es una decisión movilizada meramente por un interés científico, diría. Además de tu foto, la plataforma que elegí te pide completar una serie de preguntas que son usadas en un algoritmo que compara tus respuestas con las de otros humanos que están registrados allí. Frente a estas preguntas, recordé las recomendaciones de una de mis amigas que recalcó que no era imprescindible responder a todas las preguntas pero que yo debía saber cuáles sí era fundamental para mí que el sistema supiera. ¿Te gusta que te aten? ¿Te gusta que te peguen? Y ese tipo de cosas que no viene mal anticiparle a los algoritmos de qué lado de la fórmula binaria estás, para evitar sorpresas.
Termino de responder las preguntas que me resultaron más interesantes y pido al sistema el primer grupo de coincidencias. El primero que aparece es un señor que subió una foto donde tiene como fondo uno de esos kioskos de caramelos a granel típico de los shoppings o cines caros. Mirando la foto me di cuenta de que más que la apariencia del candidato en sí, me intriga la elección de la foto que hacen. ¿Por qué alguien habría de sacarse una foto con los caramelos a granel de fondo? ¿Cómo piensa un hombre que decide presentarse con esa foto? Luego me muestra a uno al que le gustan las motos. No puede vivir sin ellas, dice. Y ya me voy convenciendo de que todo lo que suponía sobre estas redes es exactamente así. Otro se presenta con una foto donde tiene el buzo atado al cuello, lo que en mí, solo genera ganas de salir corriendo. (¡Pero así no vas a conocer a tu alma gemela!) El sistema insiste y me sugiere otro que dice que entre las cosas que le gustan está la pesca con mosca y el pollo frito. Tampoco. ¿Qué decir de uno que postea una foto suya con Guillermo Coppola? Huyo. Donde la plataforma te pide que contestes en qué sos muy bueno, éste dice “la cama”. Ok, próximo. Fue entonces cuando apareció el feo. Pero feo, feo. Algo en los dientes, no sé. Sin embargo, lo que escribe en su descripción parece interesante. Muy interesante. ¿Y entonces? ¿Y el que elige para presentarse una foto en la que está de fiesta con dos regias señoritas? No me explico. Después está el de ojos azules que sabe perfectamente lo que garpan, al punto de que dos de sus tres fotos son primeros planos de los ojos. Menciona en el texto lo bueno que es contando historias con fotos. A mi juego me llamaron, pensé. Pero enseguida dictaminé que las fotos podría haberlas sacado uno no tan bueno contando historias con fotos, según mi perspectiva, claro. Mejor sigo. Y de repente, un entrenador de tenis. No me gusta mucho pero pienso que no estaría mal tener entrenador gratis. Dos minutos después recuerdo que no es éste un lugar para buscar mejorar mi tenis. El siguiente subió la foto girada 90 grados. No sé si habrá sido a propósito o no se dio la más mínima maña con la tecnología. Ninguna de las dos opciones me resulta particularmente interesante. De pronto, aparece uno que es muy bueno, según él mismo dice, arreglando cosas de la casa. Ojo que puede ser, ¡eh! Todos se presentan como el papá perfecto. Eso nos gusta, es verdad. Sin embargo, me digo para adentro que estaría bueno que la página incluyera el testimonio de la ex. Muchos dicen que cocinan bien. Yo no puse nada al respecto en mis preferencias, pero adelanto que los ranquea alto, sin dudas. Al que puso la foto con su perro, yo casi le cliqueo varios corazones solo por eso. Pero prefiero moderar mi entusiasmo de principiante. Se me presenta otro en la foto parece mayor de lo que dice. Pienso en la advertencia de mi amiga: ojo que muchos mienten con la edad. Y con la altura.
Paso por algunos que tienen un llamativo grado de coincidencias con lo que yo contesté, y me resultan realmente interesantes. Me divierten algunas respuestas o las fotos que suben. Insisto, para mí, dice más la foto que eligen que cómo lucen en ella. Está el que sube una foto en la que solo se ve una pared. Si él está en el lugar, no sabés, porque no entró en el cuadro. Me intriga si habrá sido adrede porque ya está de vuelta de todo o ni siquiera lo advirtió.
Sigo sin poder sobrellevar el prejuicio que me generan estos sitios pero continúo relojeando a mis potenciales candidatos… A ver…éste es interesante…Pero no, no sabe manejar. Ya me veo llevándolo desde mi casa hasta Parque Patricios todos los días. No creo que resulte.
Me detengo a pensar en la maravillosa magia del encuentro, de conocer a otro con quien vibrar, alguien que te interese todo, que te dé ganas de compartir, que te proponga una vida más atractiva que todas las prerrogativas de la soledad, que te invite a atravesar las cimas y los valles de las relaciones amorosas…Un otro que esté en el momento preciso en el lugar preciso. Ni un minuto antes, ni un minuto después. Una verdadera alquimia de personas, lugares, momentos y sentimientos. Nada fácil. Y no deja de sorprenderme el pensar cuánto de lo que hacemos hombres y mujeres, más o menos conscientemente, está casi por designio evolutivo orientado a encontrar una pareja. Me sirvo otra copa y…¡epa! Perá. Este es músico, particularmente ocurrente para escribir sobre él. Excelente sentido del humor. Bueno vendiéndose, pero a la vez, se mofa de serlo. Me gustó. Justo está online. Los dejo.
Pero es verdad que a medida que pasan los años, los encuentros se han vuelto asunto de estudio y análisis en largas y, a menudo, etílicas conversaciones con amigos de todos los sexos. Mis prejuicios solo me han permitido imaginar del otro lado de las plataformas de citas a un tipo de hombre soltero, con chaleco Burma, que vive con la mamá y un cócker. A la vez, siempre me pesó el estigma de las mujeres que llegan a esos lugares como única y desesperada estrategia para conocer un alguien con quien compartir una parte de su vida.
Lo cierto es que desde siempre, el combate contra la soledad entre hombres y mujeres mueve tantas montañas como la fe. Y estas redes han sido pobladas por personas menos arquetípicas que las que yo tengo dibujadas en mi mente. Tan es así que desde hace un tiempo me ha resultado un fenómeno interesante enterarme de que hermosas y súper inteligentes mujeres que me rodean usan estas redes para conocer personas del sexo que les atrae. Más aún, un amigo muy apetecible, nada comparable con el señor del cócker que navega en mi imaginación, me comentó hace pocos días que conoció a su actual mujer a través de uno de estos sitios, aumentando así la evidencia empírica de que estos son lugares también visitados por personas que podrían resultarme atractivas o interesantes.
A pesar del rechazo que me causaba a priori un sistema montado sobre la idea de que el encuentro con una persona para una aventura romántica suceda a través de una enorme góndola de supermercado donde el packaging sea la razón de la elección, me avoqué a la experimentación in situ. Elegí una red, armé mi perfil y me lancé a lo desconocido.
Para animarme a seguir adelante, me recordé a mí misma, todo el tiempo, que se trata de un experimento y que solo necesito mezclar las sustancias y observar qué pasa. Es una decisión movilizada meramente por un interés científico, diría. Además de tu foto, la plataforma que elegí te pide completar una serie de preguntas que son usadas en un algoritmo que compara tus respuestas con las de otros humanos que están registrados allí. Frente a estas preguntas, recordé las recomendaciones de una de mis amigas que recalcó que no era imprescindible responder a todas las preguntas pero que yo debía saber cuáles sí era fundamental para mí que el sistema supiera. ¿Te gusta que te aten? ¿Te gusta que te peguen? Y ese tipo de cosas que no viene mal anticiparle a los algoritmos de qué lado de la fórmula binaria estás, para evitar sorpresas.
Termino de responder las preguntas que me resultaron más interesantes y pido al sistema el primer grupo de coincidencias. El primero que aparece es un señor que subió una foto donde tiene como fondo uno de esos kioskos de caramelos a granel típico de los shoppings o cines caros. Mirando la foto me di cuenta de que más que la apariencia del candidato en sí, me intriga la elección de la foto que hacen. ¿Por qué alguien habría de sacarse una foto con los caramelos a granel de fondo? ¿Cómo piensa un hombre que decide presentarse con esa foto? Luego me muestra a uno al que le gustan las motos. No puede vivir sin ellas, dice. Y ya me voy convenciendo de que todo lo que suponía sobre estas redes es exactamente así. Otro se presenta con una foto donde tiene el buzo atado al cuello, lo que en mí, solo genera ganas de salir corriendo. (¡Pero así no vas a conocer a tu alma gemela!) El sistema insiste y me sugiere otro que dice que entre las cosas que le gustan está la pesca con mosca y el pollo frito. Tampoco. ¿Qué decir de uno que postea una foto suya con Guillermo Coppola? Huyo. Donde la plataforma te pide que contestes en qué sos muy bueno, éste dice “la cama”. Ok, próximo. Fue entonces cuando apareció el feo. Pero feo, feo. Algo en los dientes, no sé. Sin embargo, lo que escribe en su descripción parece interesante. Muy interesante. ¿Y entonces? ¿Y el que elige para presentarse una foto en la que está de fiesta con dos regias señoritas? No me explico. Después está el de ojos azules que sabe perfectamente lo que garpan, al punto de que dos de sus tres fotos son primeros planos de los ojos. Menciona en el texto lo bueno que es contando historias con fotos. A mi juego me llamaron, pensé. Pero enseguida dictaminé que las fotos podría haberlas sacado uno no tan bueno contando historias con fotos, según mi perspectiva, claro. Mejor sigo. Y de repente, un entrenador de tenis. No me gusta mucho pero pienso que no estaría mal tener entrenador gratis. Dos minutos después recuerdo que no es éste un lugar para buscar mejorar mi tenis. El siguiente subió la foto girada 90 grados. No sé si habrá sido a propósito o no se dio la más mínima maña con la tecnología. Ninguna de las dos opciones me resulta particularmente interesante. De pronto, aparece uno que es muy bueno, según él mismo dice, arreglando cosas de la casa. Ojo que puede ser, ¡eh! Todos se presentan como el papá perfecto. Eso nos gusta, es verdad. Sin embargo, me digo para adentro que estaría bueno que la página incluyera el testimonio de la ex. Muchos dicen que cocinan bien. Yo no puse nada al respecto en mis preferencias, pero adelanto que los ranquea alto, sin dudas. Al que puso la foto con su perro, yo casi le cliqueo varios corazones solo por eso. Pero prefiero moderar mi entusiasmo de principiante. Se me presenta otro en la foto parece mayor de lo que dice. Pienso en la advertencia de mi amiga: ojo que muchos mienten con la edad. Y con la altura.
Paso por algunos que tienen un llamativo grado de coincidencias con lo que yo contesté, y me resultan realmente interesantes. Me divierten algunas respuestas o las fotos que suben. Insisto, para mí, dice más la foto que eligen que cómo lucen en ella. Está el que sube una foto en la que solo se ve una pared. Si él está en el lugar, no sabés, porque no entró en el cuadro. Me intriga si habrá sido adrede porque ya está de vuelta de todo o ni siquiera lo advirtió.
Sigo sin poder sobrellevar el prejuicio que me generan estos sitios pero continúo relojeando a mis potenciales candidatos… A ver…éste es interesante…Pero no, no sabe manejar. Ya me veo llevándolo desde mi casa hasta Parque Patricios todos los días. No creo que resulte.
Me detengo a pensar en la maravillosa magia del encuentro, de conocer a otro con quien vibrar, alguien que te interese todo, que te dé ganas de compartir, que te proponga una vida más atractiva que todas las prerrogativas de la soledad, que te invite a atravesar las cimas y los valles de las relaciones amorosas…Un otro que esté en el momento preciso en el lugar preciso. Ni un minuto antes, ni un minuto después. Una verdadera alquimia de personas, lugares, momentos y sentimientos. Nada fácil. Y no deja de sorprenderme el pensar cuánto de lo que hacemos hombres y mujeres, más o menos conscientemente, está casi por designio evolutivo orientado a encontrar una pareja. Me sirvo otra copa y…¡epa! Perá. Este es músico, particularmente ocurrente para escribir sobre él. Excelente sentido del humor. Bueno vendiéndose, pero a la vez, se mofa de serlo. Me gustó. Justo está online. Los dejo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)





