sábado, 2 de enero de 2016

¿Venís seguido a chatear por acá?

Una serie de casualidades me hicieron interesar en las redes de mating o búsqueda de pareja. No es algo que yo hubiera explorado jamás porque confieso que antes de intentarlo, tenía (¿debería decir tengo?) todos los prejuicios imaginables alrededor de sus usuarios y del mismísimo hecho de llegar allí en busca de un encuentro romántico. Más bien, siempre he sido fan de las personas que se cruzan en los lugares habituales o no tanto, por astucia propia del destino más que por premeditación. Y debo decir que no me ha ido tan mal.

Pero es verdad que a medida que pasan los años, los encuentros se han vuelto asunto de estudio y análisis en largas y, a menudo, etílicas conversaciones con amigos de todos los sexos. Mis prejuicios solo me han permitido imaginar del otro lado de las plataformas de citas a un tipo de hombre soltero, con chaleco Burma, que vive con la mamá y un cócker. A la vez, siempre me pesó el estigma de las mujeres que llegan a esos lugares como única y desesperada estrategia para conocer un alguien con quien compartir una parte de su vida.

Lo cierto es que desde siempre, el combate contra la soledad entre hombres y mujeres mueve tantas montañas como la fe. Y estas redes han sido pobladas por personas menos arquetípicas que las que yo tengo dibujadas en mi mente. Tan es así que desde hace un tiempo me ha resultado un fenómeno interesante enterarme de que hermosas y súper inteligentes mujeres que me rodean usan estas redes para conocer personas del sexo que les atrae. Más aún, un amigo muy apetecible, nada comparable con el señor del cócker que navega en mi imaginación, me comentó hace pocos días que conoció a su actual mujer a través de uno de estos sitios, aumentando así la evidencia empírica de que estos son lugares también visitados por personas que podrían resultarme atractivas o interesantes.

A pesar del rechazo que me causaba a priori un sistema montado sobre la idea de que el encuentro con una persona para una aventura romántica suceda a través de una enorme góndola de supermercado donde el packaging sea la razón de la elección, me avoqué a la experimentación in situ. Elegí una red, armé mi perfil y me lancé a lo desconocido.

Para animarme a seguir adelante, me recordé a mí misma, todo el tiempo, que se trata de un experimento y que solo necesito mezclar las sustancias y observar qué pasa. Es una decisión movilizada meramente por un interés científico, diría. Además de tu foto, la plataforma que elegí te pide completar una serie de preguntas que son usadas en un algoritmo que compara tus respuestas con las de otros humanos que están registrados allí. Frente a estas preguntas, recordé las recomendaciones de una de mis amigas que recalcó que no era imprescindible responder a todas las preguntas pero que yo debía saber cuáles sí era fundamental para mí que el sistema supiera. ¿Te gusta que te aten? ¿Te gusta que te peguen? Y ese tipo de cosas que no viene mal anticiparle a los algoritmos de qué lado de la fórmula binaria estás, para evitar sorpresas.

Termino de responder las preguntas que me resultaron más interesantes y pido al sistema el primer grupo de coincidencias. El primero que aparece es un señor que subió una foto donde tiene como fondo uno de esos kioskos de caramelos a granel típico de los shoppings o cines caros. Mirando la foto me di cuenta de que más que la apariencia del candidato en sí, me intriga la elección de la foto que hacen. ¿Por qué alguien habría de sacarse una foto con los caramelos a granel de fondo? ¿Cómo piensa un hombre que decide presentarse con esa foto? Luego me muestra a uno al que le gustan las motos. No puede vivir sin ellas, dice. Y ya me voy convenciendo de que todo lo que suponía sobre estas redes es exactamente así. Otro se presenta con una foto donde tiene el buzo atado al cuello, lo que en mí, solo genera ganas de salir corriendo. (¡Pero así no vas a conocer a tu alma gemela!) El sistema insiste y me sugiere otro que dice que entre las cosas que le gustan está la pesca con mosca y el pollo frito. Tampoco. ¿Qué decir de uno que postea una foto suya con Guillermo Coppola? Huyo. Donde la plataforma te pide que contestes en qué sos muy bueno, éste dice “la cama”. Ok, próximo. Fue entonces cuando apareció el feo. Pero feo, feo. Algo en los dientes, no sé. Sin embargo, lo que escribe en su descripción parece interesante. Muy interesante. ¿Y entonces? ¿Y el que elige para presentarse una foto en la que está de fiesta con dos regias señoritas? No me explico. Después está el de ojos azules que sabe perfectamente lo que garpan, al punto de que dos de sus tres fotos son primeros planos de los ojos. Menciona en el texto lo bueno que es contando historias con fotos. A mi juego me llamaron, pensé. Pero enseguida dictaminé que las fotos podría haberlas sacado uno no tan bueno contando historias con fotos, según mi perspectiva, claro. Mejor sigo. Y de repente, un entrenador de tenis. No me gusta mucho pero pienso que no estaría mal tener entrenador gratis. Dos minutos después recuerdo que no es éste un lugar para buscar mejorar mi tenis. El siguiente subió la foto girada 90 grados. No sé si habrá sido a propósito o no se dio la más mínima maña con la tecnología. Ninguna de las dos opciones me resulta particularmente interesante. De pronto, aparece uno que es muy bueno, según él mismo dice, arreglando cosas de la casa. Ojo que puede ser, ¡eh! Todos se presentan como el papá perfecto. Eso nos gusta, es verdad. Sin embargo, me digo para adentro que estaría bueno que la página incluyera el testimonio de la ex. Muchos dicen que cocinan bien. Yo no puse nada al respecto en mis preferencias, pero adelanto que los ranquea alto, sin dudas. Al que puso la foto con su perro, yo casi le cliqueo varios corazones solo por eso. Pero prefiero moderar mi entusiasmo de principiante. Se me presenta otro en la foto parece mayor de lo que dice. Pienso en la advertencia de mi amiga: ojo que muchos mienten con la edad. Y con la altura.

Paso por algunos que tienen un llamativo grado de coincidencias con lo que yo contesté, y me resultan realmente interesantes. Me divierten algunas respuestas o las fotos que suben. Insisto, para mí, dice más la foto que eligen que cómo lucen en ella. Está el que sube una foto en la que solo se ve una pared. Si él está en el lugar, no sabés, porque no entró en el cuadro. Me intriga si habrá sido adrede porque ya está de vuelta de todo o ni siquiera lo advirtió.

Sigo sin poder sobrellevar el prejuicio que me generan estos sitios pero continúo relojeando a mis potenciales candidatos… A ver…éste es interesante…Pero no, no sabe manejar. Ya me veo llevándolo desde mi casa hasta Parque Patricios todos los días. No creo que resulte.

Me detengo a pensar en la maravillosa magia del encuentro, de conocer a otro con quien vibrar, alguien que te interese todo, que te dé ganas de compartir, que te proponga una vida más atractiva que todas las prerrogativas de la soledad, que te invite a atravesar las cimas y los valles de las relaciones amorosas…Un otro que esté en el momento preciso en el lugar preciso. Ni un minuto antes, ni un minuto después. Una verdadera alquimia de personas, lugares, momentos y sentimientos. Nada fácil. Y no deja de sorprenderme el pensar cuánto de lo que hacemos hombres y mujeres, más o menos conscientemente, está casi por designio evolutivo orientado a encontrar una pareja. Me sirvo otra copa y…¡epa! Perá. Este es músico, particularmente ocurrente para escribir sobre él. Excelente sentido del humor. Bueno vendiéndose, pero a la vez, se mofa de serlo. Me gustó. Justo está online. Los dejo.