martes, 12 de enero de 2016

Cortejo 3.0

Mentiría si dijera que me he convertido en una especialista en mating online, pero voy acumulando una interesante experiencia. Especialmente interesante para alguien como yo que gusta de analizar y tratar de comprender las vueltas del cortejo y qué hace que algunos despierten en otros lo que los de más allá no logran inspirar.

La primera consigna para mantenerte por los sitios es superar, o mejor, conocer y vigilar tus prejuicios para que no te conviertan en un ser deleznable.

Precisamente en los sitios de mating por internet el gen del prejuicio labura como ninguno. Con un par de fotos y algunas líneas en el mejor de los casos, el otro en cuestión recibe o no tu “corazón”. No hay tiempo para la seducción, la química, el remo, nada. La foto, un par de líneas y entrás o no entrás en su lista de deseos.

Reconozco que a mi cabeza militante de causas antidiscriminación le ha costado bastante aceptar este experimento que me propuse hacer en estas redes. De todos modos, sigo adelante, pongo una cosa y otra en el tubo de ensayo, observo y anoto. Es un verdadero experimento pero por cierto, bastante divertido.

Primero abrí una cuenta en un sitio diría, tradicional, porque pensé que lo importante pasaba por lo que uno escribía y las respuestas a las preguntas diseñadas por sus administradores. Muchos de los nuevos sitios solo te permiten presentarte con fotos.

Como pasa en la vida, me costó encontrar en la franja de edades que elegí a un hombre que me resultara merecedor de un corazón. Con los años y una buena relación con la propia libertad, cierto es que algunas/os de nosotras/os nos hemos vuelto bastante selectivas/os, especialmente para atravesar el esfuerzo que supone empezar a conocer a alguien.

Al poco tiempo comenzaron a caer mensajes de hombres que sin haber recibido mi corazón, tomaban la iniciativa. El primer asunto a discernir es si se trata o no del que anda con la medio mundo en estos sitios y copia y pega mensajes a troche y moche. En caso de que te escriban a vos, a menudo son completamente incontestables. Por ejemplo, pocos días después de abrir la cuenta, me escribió un niño de 23 años que me dijo que buscaba quién le cocinara. Claramente conmigo iría frito, si me permiten el chascarrillo. Aun si su mensaje fuera verdad, de tan de manual, su búsqueda de mamá me pareció patética. Y si fuera mentira, también.

En mi temprana adolescencia, época en que gustaba de leer novelas de amor, me interné en una de Richard Bach (¡!) que se llamaba “Un puente hacia el infinito”. Siempre recuerdo una escena en la que el protagonista, deslumbrado por una mujer que había entrado en el ascensor en el que él estaba, elucubraba sobre cómo decirle algo sin quedarse pagando. Pensaba que hubiera deseado que existiera un modo culturalmente aceptable donde uno pudiera decirle a un desconocido “me encantas y quisiera saber quién eres”, con un código “no, gracias”, si el encanto no fuera mutuo. Palabras más, palabras menos, sepan comprender que es un texto que leí hace más de 30 años.

Esa escena se me viene a la cabeza cada vez que cruzo a algún bombón por la calle. Pero también en este experimento, el pensamiento del libro me hizo considerar responder educadamente a todos los mensajes que me dicen cosas lindas. Lo intenté pero comprobé que difícilmente la comunicación se cortaba ahí y tampoco es que por haber abierto esta cuenta me haya convertido en una de esas personas a las que les gusta charlar con todo el mundo.

Como el sitio es internacional, recibí mensajes de Francia, Estados Unidos y Alemania, además de la Argentina. El que más me conmovió fue el gringo que me abordó contándome que hacía unos años se había separado porque encontró a su mujer en la cama con su mejor amigo. Que la pasó muy mal pero que ahora estaba recuperado y deseante de una nueva pareja. No sé si será mentira pero supongo que de serlo, en algún lugar se habrá comprobado que la compasión o solidaridad que despierta un caso así, eventualmente puede acercarle mujeres. No entiendo cómo funciona eso en la cabeza de una mujer, tal vez la esperanza de que un hombre así nunca la pondría a ella en el lugar que él padeció. O quién sabe.

Creo que lo más interesante de estos sitios está precisamente en las estrategias que elegimos los humanos a la hora de seducir. Para atraer a un otro para tener sexo eventual o para conquistar su corazón más profundamente.

Después de unos días, mi timidez comenzó a temer encontrar a los de las fotos en la vida real, por obra del azar nomás. Fue entonces cuando cualquier ida al Chino se convirtió en un posible escenario para cruzarme con uno de los que megusteé online y ahí sí, ¡qué quemo!

La cosa se agrava cuando la red es una de estas Apps que funcionan con geolocalización. Entre los primeros candidatos que se encontraban “cerca” y que esta App me sugirió cuando abrí mi cuenta estando en mi casa fue al fiambrero de la esquina que, en su descripción, prefirió poner “empresario en quesos”.

A propósito de los sitios que ubican a la gente con la que te cruzás y te muestran su perfil en tu teléfono, no sé si son los barrios por los que yo transito pero es asombrosa la cantidad de hombres de este rango de edad que suben fotos en un barco, una súper moto o un auto. Algo de su potencia se debe jugar ahí. La bióloga que hay en mí no deja de mirar con curiosidad los motivos por los que el hombre también elige para estas redes fotos en las que en general está haciendo cosas arriesgadas, deportes extremos o turismo aventura.

Después está el que abre un perfil con una foto de Macri (¿o sería Macri?), de un actor de Hollywood o de Bart Simpson. No soy yo quien vaya a decirle al pirata que cuide sus formas pero se me ocurre que hay otras maneras de conseguir adrenalina que meterse en un sitio de citas por internet donde podrías cruzarte con gente conocida.

Algo interesante en mi corta experiencia en estas redes es que los que más me escriben son hombres de treintaypico. Tal vez eso sea resultado de que los de cuarentaypico que yo puse en mis preferencias reciben muchos corazones de señoritas de 20, quién sabe. Es muy pronto para sacar conclusiones.

El amor es algo importante para la mayoría de los mortales. Sin embargo, algo nos avergüenza de que se sepa que estamos en esas redes. Tenemos muchos prejuicios con ellas, más que los que tenemos con hombres y mujeres que van a un bar, a bailar, a un cumpleaños o a un campamento con la secreta esperanza de conocer a alguien que les ofrezca un momento de felicidad.

Definitivamente este tema está lleno de aristas que darían para un tratado sobre el cortejo, la seducción y la manera en que queremos darnos a conocer por un otro especial. Pero tranquilos, no seré yo quien escriba ese tratado. Y menos ahora que acabo de recibir un nuevo Crush.