Cuatro meses de sabernos en pandemia, actores de reparto en una tragedia global.
Mil veces puteé y traté de entender.
Un poco, solo un poco, extrañé no tener más lo que a decir verdad, nunca tuve.
Quise hablar varias veces con Pía.
Dejó de interesarme todo.
Me acerqué a los imprescindibles.
Estuve triste.
Bailé.
Lloré.
Me reí, aunque nunca a carcajadas.
Por un rato, me interesé por alguno.
Cancelé turnos médicos
pero fui al oculista: lo que sea que se venga, necesito verlo bien.
Jugué con algún amigo.
Hice fitness y unfitness.
Tuve miedo.
Tuve pérdidas.
Tomé hierro
y me entregué al sangrado de la acuarela,
de las palabras y de las imágenes.
Amé conocer a los jóvenes con los que vivo.
Me hice feligresa de la religión de agradecer.
Odié no besar, no caminar con Nora, no estar con mi mamá sin barbijo.
Junté rabia con los que salen al pedo.
Quise correr a abrazar a Anabella.
Descreí de la carrera de los meses.
Tuve dudas sobre la otra orilla
y dificultad, por momentos, de sujetarme al bote.
No sé ustedes, pero yo odié ser testigo presencial de los próximos libros de historia.
Hace muchos años hice por un tiempo este blog. Tiene cosas que hoy no subiría pero le estoy dando otra oportunidad. Las imágenes están en Instagram. Los textos nuevos que tengo ganas de subir, están acá.
martes, 21 de julio de 2020
domingo, 19 de julio de 2020
Mañana silvestre - uno
Te despertás
el brazo como entumecido
corrés el cuerpo que se durmió arriba de él
vas al baño
te mirás al espejo: hoy tampoco será un buen día
es de noche, pero ya es la hora
bajás todavía a tientas
la casa está fría
siguen las manchas de sangre en el piso.
el brazo como entumecido
corrés el cuerpo que se durmió arriba de él
vas al baño
te mirás al espejo: hoy tampoco será un buen día
es de noche, pero ya es la hora
bajás todavía a tientas
la casa está fría
siguen las manchas de sangre en el piso.
sábado, 18 de julio de 2020
Las noches son heladas en julio
En las noches heladas de julio
hay bares de Buenos Aires
que ostentan ojos hermosos
y abren besos de olvidarlo todo.
En las noches heladas de julio
la soledad saca pañuelo blanco
y te convence con palabras
de jugar, esta vez sí, todas las cartas.
Una noche helada de julio
me entregué al vino y la poesía
y a esos confines victoriosos
de las pequeñas muertes que te dan la vida.
En las noches heladas de julio
ya sé qué calles no volver a andar.
Pero agradecer se impone en cada caso
aún en las historias que terminan mal.
En las noches heladas de julio
el falta envido sin cartas suele salir mal.
Pero gracias a los bares, las canciones y mi espalda
como dice la poeta, hay una vara que más nunca volveré a bajar.
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