La mitad de mí
acaba de decidir
entre las flores de la mañana
la resaca del sexo intergaláctico
el viaje a lo hondo de la mano
la memoria del verano que elegiste irte
la mordaza en los meses más tristes
y los desayunos que quisiste no poder.
La mitad de mí
acaba de decidir
que voy a dejarte ir.
Hace muchos años hice por un tiempo este blog. Tiene cosas que hoy no subiría pero le estoy dando otra oportunidad. Las imágenes están en Instagram. Los textos nuevos que tengo ganas de subir, están acá.
domingo, 22 de diciembre de 2019
De un tiempo a esta parte, las conversaciones con mis amigas nacidas en los 70s o a fines de los 60s se ha teñido de palabras como cambios, molestias, síntomas, deseo, calores, hormonas. Las mujeres de mi edad estamos empezando a recorrer el camino más repelido por nuestra cultura. No se lo nombra, no se lo considera, solo se lo combate. La civilización nos reclama para ser elegidas y consideradas, que siempre parezcamos jóvenes. De la edad de las mujeres no se habla, no se debe preguntar. Y gracias, diosito patriarcal, por inventar el botox, las cirugías y el Photoshop.
Hice este collage que les comparto porque mi batalla personal está siendo aceptar amorosamente el paso del tiempo porque me ha convertido nada menos que en la mujer que soy y porque no importa cuál sea nuestro género, atravesar saludablemente los años es un privilegio por el que deberíamos agradecer.
La revolución de las mujeres es también dejar de escondernos, dejar de intentar ser las que fuimos u otras aún más jóvenes, encontrar la belleza en nuestras pieles más deterioradas y reivindicar la potencia para el amor que traen los años y no el colágeno en la piel.
Es una montaña rusa y los espejos todos los días tienen algo nuevo para decirnos pero la batalla que debemos dar es con nosotras mismas para no intentar amordazarlos y dejarlos salir en nombre de la belleza más maravillosa que traen los años, la de la libertad.
Hice este collage que les comparto porque mi batalla personal está siendo aceptar amorosamente el paso del tiempo porque me ha convertido nada menos que en la mujer que soy y porque no importa cuál sea nuestro género, atravesar saludablemente los años es un privilegio por el que deberíamos agradecer.
La revolución de las mujeres es también dejar de escondernos, dejar de intentar ser las que fuimos u otras aún más jóvenes, encontrar la belleza en nuestras pieles más deterioradas y reivindicar la potencia para el amor que traen los años y no el colágeno en la piel.
Es una montaña rusa y los espejos todos los días tienen algo nuevo para decirnos pero la batalla que debemos dar es con nosotras mismas para no intentar amordazarlos y dejarlos salir en nombre de la belleza más maravillosa que traen los años, la de la libertad.
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