viernes, 25 de marzo de 2016

Dos segundos en cámara lenta

Lo divisé en la multitud. Dejé que la marea humana me llevara hacia él. Me acerqué, lo toqué para que me viera. Sentí en la palma de mi mano los pelos de su antebrazo mientras me salí diez centímetros del río de gente. Hola. Hola. ¿Cómo estás? Bien, ¿vos? Nos miramos y nos saludamos con un beso mientras el caudal humano me empujaba hacia adelante. Sonreímos. Fueron 2 segundos en cámara lenta. Me alejé a la espera de que sus ojos estuvieran mirando mi irme. FIN ‪#‎CuentosCortos‬

La Plaza

jueves, 24 de marzo de 2016

Mediana edad

La crisis de la mediana edad deviene alrededor de los 40, cuando sabemos que la juventud ya pasó, que no queda otra que aceptar la madurez y que la vida más temprano que tarde, termina. Suele suceder que a partir de entonces se toman decisiones para vivir mejor, para ponerle el cuerpo a la noción de finitud de la vida pero también, para disfrutar y concretar por fin lo que se estuvo hasta ese momento postergando.

Cantar las 40 en el tute supone tener el caballo y el rey del palo que nos hace ganadores. Es también decir todo para seguir adelante habiendo saldado todas las cuentas con el silencio.

Días después de festejar mis 40 años con promesas de amor para toda la vida, me separé, mi mundo se volvió un lugar incierto pero tomé decisiones fundamentales para seguir y encontrarme conmigo misma y mi propia y nueva capacidad de estar bien. Sin tener conciencia plena de ello, nació una etapa que no tenía vuelta atrás.

Un jefe que tuve una vez me dijo cuando los cumplió, que los 40 invitan a muchos y muchas a tomar una tangente en el círculo imaginario de la vida. Algunos quedan dando vueltas, otros la toman y no vuelven más. Nunca más. Al infierno, nunca más.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Consejos de autoayuda que se me antoja dar.

Hagan siempre lo que les dicten sus tripas; cuiden de su tribu; amen lo que tienen; abracen con frecuencia; contemplen la perseverancia del cuarto creciente; ofrezcan besos de las buenas noches como pacto de paz; dénse revanchas siempre; vuelen cada vez que puedan; perdonen(se) más seguido; volanteen sin miedo; corran, bailen o salten pero sepárense del piso; escuchen música; entréguense en cuerpo y alma sin tanto cálculo porque el dolor si viene, también se va; tolérense la soledad; compartan copas con quien valga el intento; y no paren hasta encontrar lo que los haga vibrar. A poco de cumplir como mil años, sigo aprendiendo pero algunas cosas ya las puedo enseñar.

lunes, 21 de marzo de 2016

Labios Libres - Mario Trejo

Al cabo de las tierras y los días
de horarios y partidas y llegadas
y aeropuertos comidos por la niebla
enfermo de países y kilómetros
y rápidos hoteles compartidos

Luego de esperas
prisas
y rostros y paisajes diferentes
y seres encandilados por el olvido
o abiertamente besados por la vida

Después de aquella amada
y esa otra apenas entrevista
mujeres cogidas por mi soledad
y ahogadas por las bellas catástrofes

Luego de la violencia y el deseo
de comenzarlo todo nuevamente
y los errores
y los malentendidos cotidianos
y los hábitos torrenciales del trópico
y noches acariciadas por el alcohol
y tabaco fumado con tanta incertidumbre

Al cabo de un nombre que no me atrevo a decir
y de alguien que yo llamaba Irene
de cierta voz
cierta manera de clavar los ojos
al cabo de mi fe en el entendimiento de los hombres
y en el corazón de ciudades y pueblos
que nunca sabrán de mí

Luego de tanta tentativa de huirme o enfrentarme
y comprender que estoy solo
pero no estoy solo
al cabo de amores corroídos
y límites violados
y de la certidumbre de que toda la vida
no es más que los escombros
de otra que debió haber sido

Al cabo del hachazo irreparable del tiempo
sólo puedo blandir estas palabras
esta obstinación de años y distancias
que se llama poesía

sábado, 5 de marzo de 2016

Y más cartas de Simón Bolívar a Manuela Sáenz.

Ibarra, 6 de octubre 1826

Mi encantadora Manuela:

Tu carta del 12 de setiembre me ha encantado: todo es amor en ti. Yo también me ocupo de esta ardiente fiebre que nos devora como a dos niños. Yo, viejo, sufro el mal que ya debía haber olvidado. Tú sola me tienes en este estado. Tú me pides que te diga que NO QUIERO A NADIE. ¡Oh no! A NADIE AMO: A NADIE AMARÉ. El altar que tú habitas no será profanado por otro ídolo ni otra imagen, aunque fuera la de Dios mismo. Tú me has hecho idólatra de la humanidad hermosa o de Manuela. Créeme: te amo y te amaré sola y no más. No te mates. Vive para mí, y para ti: vive para que consueles a los infelices y a tu amante que suspira por VERTE.

Estoy tan cansado del viaje y de todas las quejas de tu tierra que no tengo tiempo de escribirte con letras chiquititas y CARTAS GRANDOTAS como tú quieres. Pero en recompensa si no rezo, estoy todo el día y la noche entera haciendo meditaciones eternas sobre tus gracias y sobre lo que te amo, sobre mi vuelta y lo que harás y lo que haré cuando nos veamos otra VEZ. No puedo más con la mano. NO SÉ ESCRIBIR.

Amanece en la habitación

Otra carta de Bolívar a Manuela Sáenz.

Ortuzco, mediados de abril de 1824.

Mi amor:

Estoy muy triste a pesar de hallarme entre lo que más me agrada, entre los soldados y la guerra, porque sólo tu memoria ocupa mi alma, pues sólo tú eres digna de ocupar mi atención particular.

Me dices que no te gustan mis cartas porque escribo con unas letrazas tan grandotas ahora verás que chiquitico te escribo para complacerte.

No ves cuántas locuras me haces cometer por darte gusto…

BOLÍVAR

Una de las preciosas cartas de amor de Simón Bolívar a Manuela Sáenz, siglo XIX

Manuela:

Llegaste de improviso, como siempre. Sonriente. Notoria. Dulce. Eras tú. Te miré. Y la noche fue tuya. Toda. Mis palabras. Mis sonrisas. El viento que respiré y te enviaba en suspiros. El tiempo fue cómplice por el tiempo que alargué el discurso frente al Congreso para verte frente a mí, sin moverte, quieta, mía…

Utilicé las palabras más suaves y contundentes; sugerí espacios terrenales con problemas qué resolver mientras mi imaginación te recorría; los generales que aplaudieron de pie no se imaginaron que describía la noche del martes que nuestros caballos galoparon al unísono; que la descripción de oportunidades para superar el problema de la guerra, era la descripción de tus besos. Que los recursos que llegarían para la compra de arados y cañones, era la miel de tus ojos que escondías para guardar mi figura cansada, como me repetías para esconder las lágrimas del placer que te inundaba.

Y después, escuché tu voz. Era la misma. Te di la mano, y tu piel me recorrió entero. Igual… que los minutos eternos que detuvieron las mareas, el viento del norte, la rosa de los vientos, el tintineo de las estrellas colgadas en jardines secretos y el arco iris que se vio hasta la media noche. Fuiste todo eso, enfundada en tu uniforme de charreteras doradas, el mismo con el que agredes la torpeza de quienes desconocen cómo se construye la vida.

Mañana habrá otra sesión del Congreso. ¿Estarás?