jueves, 30 de octubre de 2014

Las chapas

Los hilos de las plantas

Suelo decir que las plantas me gustan como también le gustan a mi mamá y le gustaban a mi abuela. Como si reconocer esa inclinación en una herencia le diera razón de ser y necesidad de perpetuidad. Eso de reconocerse en los ancestros nos reafirma y nos confirma. Pero creo que mi fascinación por las plantas viene de las historias que traen consigo. La posibilidad casi eterna de reproducirse y dar origen a nuevas plantas permite que sus vidas recorran lugares y hogares como un hilo invisible que nos une. Así, cuando me traigo gajos de las casas de mis amigas, de mis familiares, de la ruta o de otros lugares, las plantas que crecen son historias que cuento de ellas. A la vez, cuando regalo gajos o semillas siento una manera de llevar algo de nuestro acá y ahora, a otro lugar y a otro tiempo, a través del mismo hilo invisible. Hoy floreció la primera margarita de este año en mi jardín. Estas son las margaritas del patio de la escuela de Juncal, un pueblito ubicado en el sur más sur de la provincia de Santa Fé. La Directora de la escuela, por muchos años, allá por los ’60 y ’70 fue una mujer inmensa que tuve el privilegio de conocer y hoy tengo el privilegio todavía, cada tanto, de poder escuchar. Las plantas pueden ser evidencias actuales de un pasado de otros, queridos o por algún motivo, especiales. Otros que pasaron de las historias de alguien a tus propias historias. Y se preparan para contar las historias de los que vendrán.